Si piensas que toda deuda es mala, permíteme indicarte que estás cometiendo un error. Y es que según la opinión de los expertos en finanzas personales, las deudas se pueden clasificar en aquellas que son benevolentes a quienes las toman, y las que por contrario les resultan perjudiciales. Para comprender como puedes diferenciar una deuda buena vs deuda mala sigue leyendo ¡vamos a resolverlo!
Es posible que te sorprenda escuchar el término deuda buena, ya que luego de oír miles de historias de endeudamientos que terminaron muy mal, no entiendes como puede haber deudas buenas. Sin embargo, los economistas usan el término de deuda buena para señalar a una deuda productiva, es decir, aquella que tiene el potencial de a mediano o largo plazo, mejorar la calidad de vida de quien la toma. Y es importante que te comente que empleo la palabra potencial, ya que incluso una deuda buena administrada inadecuadamente puede transformarse fácilmente en una pesadilla financiera.
Hablemos de los conceptos
Antes de iniciar con el tema, quiero repasar contigo algunos conceptos simples de finanzas personales, que te ayudarán a comprender el transfondo de este tema. Generalmente adquieres una deuda cuando pagas por un bien o servicio a crédito en lugar de contado. En dicho caso, un tercero cancela el correspondiente precio en tu nombre al vendedor, a cambio de un compromiso de pago que tú adquieres con el tercero.
Para quien te presta el dinero la negociación resulta rentable, debido a que te exige un pago adicional al monto de la venta. Su ganancia está dada por dos tipos de fuentes:
- Un porcentaje del capital prestado, en forma de interés.
- Otros tipos de pagos no relacionados con el capital: gastos administrativos, cuotas de mantenimiento, etc.
El prestamista también establece el plazo que tienes para cancelar la deuda, la forma y fecha como harás los pagos, y qué ocurrirá en el caso que no puedas honrar tu compromiso.
Luego de lo anterior, seguro puedes comprender que no hay forma ni manera que comprar a crédito te resulte más económico que hacerlo al contado. Y es que cuando compras de contado, evitas el pago de interés y otros gastos asociados al préstamo. Por ello y a manera de ejemplo, cuando compras con tu tarjeta de crédito algo que bien puedes adquirir a contado, estás haciendo un pésimo negocio.
¿Qué es una deuda mala?

En términos simples, una deuda mala es aquella que siempre resulta perjudicial para tu salud financiera, es decir, esa que mires por donde la mires, te empobrece a mediano o largo plazo. Y con empobrecimiento me refiero a que tu situación financiera resulta peor al culminar el pago de la deuda, de lo que lo era al momento de contraerla.
Para que comprendas mejor el concepto de una deuda mala, te propongo seguir este ejemplo: supón que financiaste con tu tarjeta de crédito una lujosa velada con tu pareja, que te costó tanto como tu sueldo mensual. Luego de ello, pudiste cancelar la deuda de tu tarjeta al cabo de cuatro meses, en los cuales no hiciste ninguna compra adicional con aquella. Y el monto total cancelado fue equivalente a dos meses de tu sueldo.
Veamos ahora el tamaño del pésimo negocio que, en dicho supuesto, hiciste:
- Terminaste pagando el doble de lo que te costaba la cena al contado.
- Tuviste que usar el monto de un sueldo para cancelar el interés y otros gastos relacionados con tu deuda. Por ello técnicamente perdiste los ingresos de un mes de trabajo en esos cuatro meses, es decir, el 25% de tus ingresos en dicho período.
- Estuviste pagando durante cuatro meses (unos 120 días), ¡por un deleite que duró menos de un día!
El ejemplo anterior te permite comprender dos aspectos negativos que suelen caracterizar a las deudas malas:
- Al finalizar el pago de la deuda, terminas en peor condición financiera que la que tenías al inicio.
- El período en que cancelas la deuda es mucho mayor que aquel en que disfrutas del bien o servicio adquirido.
A continuación te expongo algunos tipos clásicos de deudas malas, con el propósito de prevenirte, y que así puedas evitarlas.
1. Consumos con tarjetas de crédito
La gran mayoría de las compras que realizas con tarjetas de crédito son deudas malas, por no decir pésimas. Y es que este instrumento de crédito presenta, en comparación con otros, tasas de interés muy altas, por lo que resulta sumamente costoso adquirir bienes y servicios con ellas.
Otro problema que presentan las tarjetas de crédito es la flexibilización de pagos que poseen, materializada en los pagos mínimos. Si bien pagar una cuota mínima en principio puede resultarte atractivo, en el fondo con ellos solo logras aumentar significativamente tus cargos por interés. Y estos pueden hacer que, al igual que en el ejemplo anterior, termines cancelando el doble o triple del precio de la compra a contado.
También debes considerar que en general, aquellos bienes y servicios que sueles comprar con tu tarjeta de crédito no tienen ningún valor de reventa a largo plazo, por lo que no representan una inversión. De hecho, suele ocurrir que el tiempo que disfrutas dicha compra es apenas una fracción del plazo en que cancelas la deuda correspondiente.
Incluso cuando usas tus tarjetas de crédito para cubrir tus necesidades básicas diarias, estás adquiriendo una deuda mala. Con ello puedes lograr subsistir hasta el fin de mes, pero ello a costa de empeorar tu situación financiera a largo plazo. En este caso la mejor alternativa es que mejores tus ingresos, y recortes todos tus gastos superfluos.
¿Y si usas tu tarjeta de crédito para comprar objetos que se revaloran, tales como joyas u obras de arte?

Puede resultarte sorprendente mi respuesta, pero aún así estaría adquiriendo una deuda mala. La razón es que probablemente el valor que ganaría el objeto durante el tiempo que tardarías en pagar tu deuda, sería inferior a lo que terminarías cancelando por su compra, al usar tu tarjeta como medio de pago. En este caso es mejor que ahorres hasta tener el dinero para efectuar la compra a contado.
2. Préstamos con garantía hipotecaria
Estos son préstamos en que obtienes determinado capital, colocando como garantía un bien inmueble de tu propiedad, que generalmente es tu vivienda. Son ejemplos de este tipo de préstamos la hipoteca de segundo y tercer orden, y las compras de deuda con garantía hipotecaria.
Este tipo de deuda es pésima, ya que disminuye tu patrimonio neto al comprometer la propiedad de tu inmueble a cambio de aumentar tus deudas. Recuerda que mientras poseas la propiedad de tu bien inmueble, este es considerado parte de tus activos, ya que puedes liquidarlo y convertirlo en capital cuando lo desees. Con la hipoteca pierdes dicho derecho, y por ello, decrece tu patrimonio.
Por otra parte, la deuda también es mala por lo mucho que puedes perder si no logras honrar tu compromiso de pago. Si trata de tu vivienda principal, puedes verte obligado a vender la misma, y tendrás entonces que buscar un nuevo lugar donde vivir. Y probablemente ello implique pagar un alquiler, lo que significará una carga adicional sobre tu presupuesto.
3. Préstamos con empeño
En este tipo de préstamo, entregas en garantía un artículo de valor (joyas, vehículos, electrodoméstico, etc.) y obtienes un préstamo de un capital equivalente al valor del objeto en el mercado. Luego tienes un tiempo establecido para devolver dicho capital más los intereses, y si incumples, el objeto pasa a ser propiedad del prestamista.
Al igual que en el caso anterior, acá comprometes un bien que forma parte de tus activos a cambio de un endeudamiento, por lo que se trata de una deuda mala. De hecho, si consideras los intereses usureros que aplican en estos casos, no dudarías en clasificarla en deuda extremadamente mala.
¿Qué es una deuda buena?

Una deuda buena es aquella que resulta productiva para quien la asume, es decir, a mediano y largo plazo le permite mejorar su situación financiera. Algunas de las deudas buenas también son llamadas deudas productivas, ya que el endeudamiento se hace en función de mejorar la capacidad de producción de dinero.
Seguro habrás escuchado de emprendedores hoy muy exitosos, que iniciaron sus actividades en el garaje de sus padres, y con un préstamo otorgado por algunos familiares y amigos, o un banco. Como puedes observar, aquellas deudas le permitieron desarrollar su emprendimiento y mejorar su situación financiera, por lo que fueron deudas buenas.
Las deudas buenas presentan las siguientes características:
- Al finalizar su pago, acabas en mejor condición financiera que la que tenías cuando la tomaste.
- El la mayoría de los casos, el período en que cancelas la deuda es mucho menor que aquel en que disfrutas del bien o servicio obtenido.
Para que comprendas mejor cómo identificar una deuda buena, a continuación te expongo algunos ejemplos clásicos de estas:
1. Crédito hipotecario

Te recuerdo que un crédito hipotecario es un tipo especial de préstamo que está orientado a la adquisición de bienes inmuebles, particularmente viviendas. Es un instrumento crediticio que te permite adquirir una casa o apartamento, cuando te es imposible hacerlo al contado.
Esta es una deuda buena ya que salvo muy marcadas excepciones, el valor de la propiedad aumenta con el paso de los años. Por ello, si compras tu vivienda con crédito a un plazo de 20 años, y una vez pagada por completo la vendes, es muy probable que el dinero que obtendrías sea superior al valor total del préstamo, incluyendo los intereses. En otras palabras, con esta deuda habrás podido ganar dinero.
También esta deuda es benevolente porque a pesar que adquieres un compromiso de pago, lo haces para obtener un activo que enriquece tu patrimonio personal. Que seas dueño o dueña de una propiedad, aún cuando sobre ella pese una hipoteca de primer grado, es una situación financiera mucho mejor que no tenerla en propiedad.
Por último, un bien inmueble que es conservado de forma adecuada, tiene una vida que supera con creces a los 20 años que en promedio se tarda en pagar un crédito hipotecario. De hecho, con este tipo de préstamo adquieres un activo que tu generación futura no solo puede heredar, sino a su vez dejar en herencia.
2. Préstamos para estudios
Los préstamos para estudios son considerados siempre una deuda buena, ya que permiten la formación profesional del individuo. Que obtengas una titulación generalmente incrementa significativamente tu potencial capacidad de ingresos con tu desempeño laboral. Es decir, acrecienta tu posibilidad de obtener un mayor salario anual, en comparación con el que tendrías de no poseer dicho título.
Lo que siempre debes tener presente es que de no conseguir el objetivo (el grado), esta deuda buena se convertirá en una mala. También mutará de benévola a malvada, si eliges una profesión o especialización en un área de conocimiento cuyo campo de trabajo sea escaso o mal pagado. En ambos casos estarás asumiendo un endeudamiento sin obtener algún beneficio a cambio.
Consideraciones finales
Debes tener muy claro que una deuda buena mal manejada, puede transformarse fácilmente en una deuda perjudicial para tu salud financiera. Es decir, que tomes una deuda buena no significa que no debas solventarla en los términos y plazo acordados con el prestamista. Recuerda que una deuda buena es deuda aún, y que por ello tiene el potencial de acabar con tu salud financiera. También es importante que comprendas que en algunos casos particulares, lo que puede ser una deuda mala para ti, es una buena para otros. Por ejemplo, si compras a crédito un televisor de 60 pulgadas exclusivamente para disfrutar del mundial de fútbol en tu casa, eso es una deuda mala. Pero si la idea es colocarlo en tu restaurante para atraer mayor cantidad de clientes en la época del mundial, podría ser una deuda buena. En este último caso, siempre que las ganancias adicionales que trae el uso del televisor superen con creces el costo de su compra a crédito.
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Aluna Duque
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